¿Sabéis qué es vivir sin sentir nada?

¡Santa Ninfómana! ¡Qué nerviosa estoy!

Es mi estreno en esto de jugar con las letras y no tengo ni idea de por donde empezar… no sé qué contar… He oído en alguna parte que cuando se trata de escribir lo mejor es dejarse llevar, como en el sexo… Pero aquí no me atrevo a saltar. Qué tontita soy… Con todas las horas de vuelo sexual que llevo acumuladas entre las piernas.

¡Qué dilema!

…Bueno pues, mirad…, empezaré con una pequeña pregunta, si no os importa. Es lo primero que me ha venido a la cabeza, así que allá va…

¿Por alguna casualidad sabéis qué es vivir sin sentir nada?

…No, supongo que no. Es difícil incluso de imaginar, ¿verdad…? Y no me refiero al sentir de los sentimientos, hablo del sentir de los sentidos, del de las caricias, de los besos y toda la amplia gama de penetraciones. Hablo de saborear la sal de un cuerpo sudoroso, oler el aroma de un orgasmo o sentir la simple caricia de una moqueta bajo los pies…

Hablo de lo que siente la mente a través del cuerpo físico, no de las locuras que pueda generar ella sola cuando se halla atrapada en un remolino de fantasías, ni de las proyecciones sensoriales que un avatar onírico puede crear por su cuenta o por memoria sensual…

¡Oh, vaya!

…Creo que me he liado un poco. Ni yo entiendo ya lo que digo.

Empecemos de nuevo…

¿Sabéis qué es vivir sin sentir nada?

…Yo lo sé, lo he vivido. Es de ahí de donde procedo y es por eso que estoy aquí: quiero volver a sentir de verdad. Sí, quiero volver a sentirlo todo, redescubrir cada vieja experiencia como si fuera la primera, y he escogido esta tierra, vuestra tierra, porque es lo más parecido a la mía que he encontrado por ahí.

Lo que en vuestra red de redes profetizaban erróneamente que sucedería este 29 de Julio pasado se hizo realidad en la tierra en que nací (¿recordáis el video viral sobre el vuelco polar?). Los científicos, esos frikis sabelotodo, dijeron que el eje de rotación de mi mundo dio un vuelco de 90 grados y todo fue un desastre.

Las cosas se volvieron del revés. Zonas cálidas se volvieron árticas, la corteza de la tierra se sacudió como la piel de un perro rascándose las pulgas, los volcanes se volvieron completamente majaras y la temperatura general entró en caída vertical. En un abrir y cerrar de ojos, grandes porciones de tierra se hundieron bajo el mar y otras surgieron de la nada, y aunque nuestras madres lo pasaron bastante mal, ese día no se acabó el mundo.

No… Nos recuperamos… Durante un tiempo… Fue otra cosa todavía más absurda y alucinante lo que al final parece que acabó con nosotros. Pero esto ya es otra historia que no viene a cuento ahora… Ya hablaremos de todo eso en otro momento. En el futuro, quizás. Si yo sigo aquí, con ganas de escribir, y vosotros aún estáis interesados.

Y mientras, por si acaso, disfrutad al máximo de la vida, chicas y chicos… Haced el amor cuanto podáis y llenad cada minuto de placer y buenas sensaciones… Ya sabéis, por si el mundo se acaba mañana.

Creedme…, puede pasar. Os lo digo por experiencia (Kiss)

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