ESTALLIDO SENSORIAL.

Esta mañana, al despertar, cuando el alba apenas despuntaba y nadie había encendido todavía el horno de Phoenix, he decidido cerrar el aire acondicionado y he abierto la puerta de la pequeña terraza de mi apartamento.

El ambiente estaba algo empantanado dentro. Fuera, el día parecía indeciso, como asustado, temeroso de despertar, consciente quizás de que el poderoso sol del desierto muy pronto lo irradiaría todo con su luz calcinadora. La temperatura era agradable. He respirado hondo. Un olor mixto a tierra seca y ozono limpio ha relajado mis sentidos. Por un instante me ha parecido estar dentro de una lavandería. Pero ese no era el caso. Tan sólo era el día que amanecía fresco y vistiendo una nueva muda… como hace cada mañana.

He llenado una taza grande de café y me he conectado. El cuero frío de la silla le ha sentado mejor a mi pompis que el líquido cálido a mis labios, y mientras aguardaba a que la computadora se pusiera en marcha, una ráfaga de viento se ha deslizado por la abertura de cristal… y me ha acariciado…

Sí, eso ha sido… una caricia muy erótica que me ha pillado desprevenida.

La corriente de aire ha lamido cada fibra de mi piel, suave, furtivamente, como lo haría un amante bisoño arriesgándose a un primer contacto. La sensación ha sido tan intensa que se me han cerrado los ojos y un súbito cosquilleo ha trepado por mi vagina. No lo he podido evitar. Toda mi piel se ha electrificado, mis músculos se han tensado, mi inexistente bello se ha erizado y mis pezones han estado a pocos segundos de despegar. Ha sido una sensación muy potente. No lo hubiera sido más si un ardiente huracán se hubiera apoderado de todo mi cuerpo.

 

Ha sido muy agradable. Una nadería traumáticamente placentera, arrolladora como una explosión. Sí, eso es, eso es lo que ha sido… un auténtico estallido sensorial.

Hasta ese preciso momento no me había dado cuenta de cuan abotargada estaba debido a mi dilatada estancia en aquel maldito vacío onírico. No era consciente de lo dormidos que tenía mis sentidos por culpa de mi prolongada ausencia de un mundo real. Hacia muchísimo tiempo que no sentía nada parecido. Una simple ráfaga de viento, un suspiro de la Madre Naturaleza, ha encendido toda mi carne de una forma literal.

Medio extasiada, he transformado la experiencia en palabras, las he guardado y me he ido a dar una ducha. Me he desnudado del todo. Atraídas por la gravedad, mis minimalistas braguitas blancas se han deslizado lentamente hacia el suelo. Ha sido muy sensual. Excitada como estaba, mi mente las ha sentido lamiendo lascivamente cada curva de mis sedosas piernas. Y cuando al final han aterrizado sobre la alfombra del baño, he podido notar que relucían de alguna manera… como si pequeñas babosillas juguetonas se lo hubieran pasado bomba correteando de fiesta por ahí abajo.

 

amy-pequena

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